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Historias de miedo cortas para disfrutar con amigos y familia. ¿Por qué nos gusta tanto aquello que, al mismo tiempo, nos asusta?

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Todos hemos visto alguna vez una película de miedo. Las historias de terror y los relatos de este tipo nos asustan. Pero, ¿por qué nos gusta que nos asusten? En esta entrada te traemos una historia de miedo corta, una de esas historias de miedo para contar en la oscuridad entre amigos, en familia o incluso para niños muy atrevidos.

Al final de la misma encontrarás una reflexión que hacemos desde Émora Psicólogos en Madrid sobre por qué estas historias de miedo nos provocan tanta excitación y atracción.

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“1999”, una historia de miedo creada por el Equipo de Émora para explicar la atracción psicológica al género de terror

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El siguiente relato sobre terror psicológico está inspirado en hechos reales…

 

La historia que estoy a punto de contarte se desarrolló a partir del 29 de octubre de 1999.

En ese año, comenzaron a suceder algunos sucesos inexplicables que se salían de lo normal. Tanto era así, que me llegué a plantear si estaba empezando a perder la cabeza. Aquel año, por motivos laborales, mi marido, mi pequeña de 6 años y yo, tuvimos que cambiar de residencia. Nos mudamos a una casa grande a las afueras de Madrid. La verdad es que pensar en ello nos hacía bastante ilusión porque íbamos a contar con más estancias de las que teníamos en la antigua casa, incluso íbamos a tener un jardín para poder disfrutar con la familia. Pero desde el momento en el que entramos por esa puerta había algo que no encajaba…
Además de que era una casa muy fría y oscura, el hecho de entrar en ese lugar me causaba mucho malestar. Era una angustia que no podría describir con palabras, como una sensación de malestar y vacío que no podía controlar. Mi marido Luis se percató de ello, me preguntó si me encontraba bien y asentí con la cabeza… Ahora me arrepiento de haberlo hecho, pues más tarde me daría cuenta de que no había marcha atrás… Esa misma noche empezamos a escuchar algunos golpes en la buhardilla, no le dimos importancia porque pensamos que serían los crujidos de los materiales de la casa.

Tras varias horas intentando dormir, empecé a oír unas carcajadas que se oían bastante cerca. Pensé que serían personas que pasaban por la calle y que estaban de juerga un viernes… 

A la mañana siguiente, me dispuse a preparar el desayuno… ¡Hoy comíamos tortitas con nata!, era el desayuno favorito de mi pequeña María. Lancé un pequeño grito de ilusión en busca de una respuesta de mi pequeña: “¡María, corre ven, vamos a preparar las tortitas que tanto te gustan!” Me sorprendí, ella no me respondió. Así que decidí buscarla por toda la casa… Tras varios minutos buscando, ya con lágrimas en los ojos de la impotencia que sentía, decidí llamar a Luis. Él me dijo que, de madrugada, cuando se marchó a trabajar, pasó por su habitación y la vio tranquilamente en su cama dormida.

Me tranquilizó y le quitó importancia, me dijo que era muy probable que estuviese jugando, que no me preocupase tanto. Colgué la llamada preocupada, con la intención de volver a buscarla. Y… en ese mismo momento, volví a oír esas carcajadas tan escalofriantes… Por un momento me quedé paralizada, pretendía saber de dónde venía esa voz, era imposible que fuese María… Acto seguido, eché a correr por las escaleras, tenía que encontrar a María. Estaba muy nerviosa, el corazón se me salía por la boca y estaba temblando… “María, cariño, ¿dónde estás?” preguntaba una y otra vez en voz alta. De nuevo, se volvieron a escuchar esas carcajadas estrepitosas…

En ese momento, pude detectar de dónde procedían, así que cogí a “valentía” de la mano y me dispuse a ir hacia ese lugar… Acudí al baño inferior… Pude observar que las cortinas de la bañera estaban totalmente echadas… Debía tener el valor de abrir, pero sentía un miedo que me nublaba hasta la vista… En ese momento decidí contar hasta tres y abrir muy rápido… 1… 2… y 3.

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Continúa leyendo para saber el final de este relato de terror…

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Allí no había nadie, pero pude ver, en el fondo de la bañera, una hoja en la que estaba escrito de color rojo el año 1999 (año en el que nos encontrábamos por aquel momento). Sin saber dónde buscar ahora, me quedé pensando de rodillas frente a la bañera. Estaba muy cansada, llevaba ya varias horas buscando a mi pequeña y no encontraba ninguna señal que me pudiese dar alguna pista de dónde se podía encontrar.

En ese momento decidí volver a su habitación a buscar algún indicio. Me incliné a supervisar su mesa de juego: tenía muchos folios con dibujos, una muñeca de porcelana, varias tijeras abiertas y… un lápiz de color rojo… En ese mismo instante… noté como si una presencia se encontrase detrás de mí. Además, sentía una ligera presión en el cuello, como si alguien me estuviera tocando de forma delicada, y seguidamente se escuchó un sonido entrecortado… Me asustó tanto que me quedé sin aire, me giré rápidamente y…

Era María con una tremenda sonrisa. En ese momento no sabía si reír o llorar. Era evidente que estaba contentísima por verla, pero algo me decía que algo no iba bien…
- “Hola mami, ¿has visto nuestro regalo?”
- “Ay María, me has dado un susto de muerte, ¿dónde estabas?, ¿a qué regalo te refieres, cariño?”
- “¡Estaba jugando! ¡A mis dibujos, mami!”
Reconozco que, en ese momento, no le di importancia a una palabra clave: “nuestro” … Pero estaba tan asustada que sólo presté atención a que mi pequeña estaba a salvo. Pero pronto me daría cuenta de lo que estaba pasando realmente… Llamé a Luis para comentarle que todo estaba bien, y me volvió a recordar que no me preocupase tanto, que los niños juegan mucho y que ahora más todavía con una casa tan grande…
Estuve unas horas intentando controlar mis pensamientos, intentando pensar que eso fuese así, pero esas carcajadas tan desagradables me tenían muy enredada en mis pensamientos… Llegó mi marido de trabajar y pasamos la tarde recogiendo los trastos viejos que estaban esparcidos por la casa…pronto anocheció y nos pusimos los tres a cenar. Ese día había notado un poco dispersa a María, se lo comenté a Luis y me dijo que él veía que todo iba bien… Pero yo notaba a mi pequeña distinta, como si estuviese pendiente de otra cosa… 

Mientras cenábamos, observé en ella un comportamiento que me asustó mucho. María comenzó a reírse y se apresuró a mirar rápidamente bajo la mesa. Acto seguido pregunté: “¿qué haces cariño?, ¿qué hay bajo la mesa?”, a lo que respondió: “Nada mami, sólo estoy jugando” En ese momento Luis me miró disgustado, y posteriormente me comentó que de esa manera iba a asustar a la niña. Esa misma noche, 30 de octubre, nos fuimos a dormir. Me planteé quedarme con mi pequeña a dormir, tenía miedo de que volviese a suceder lo mismo… Pero no quería tener paranoias, quizás simplemente estaba jugando y esa mañana no la pude encontrar porque desconocía cada rincón de la casa…
Pronto volvieron a aparecer los golpes, esta vez venían acompañados de susurros que iban y volvían, notaba como si cada vez se estuviesen acercando más… Desperté a Luis y en ese momento me di cuenta de que realmente no era cosa mía, me dijo que él también lo estaba escuchando… Decidimos algo: íbamos a esperar a ver si esas voces desaparecían, si no,saldríamos inmediatamente a buscar a María. De repente, empezamos a escuchar que esos entes iban acercándose más y más… Tanto que empezaron a tocar el picaporte y a hacer ruido con esas dichosas carcajadas… Vimos cómo el picaporte empezó a girar lentamente… La puerta comenzó a abrirse… En ese momento, salió corriendo Luis hacia la puerta, miró hacia ambos lados y las voces dejaron de escucharse… Era como si hubiesen desaparecido…

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“Las historias de terror nos enganchan a pesar de que nos asusten”

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A partir de ese momento no se escucharon más ruidos. Tengo la certeza de ello porque no pude pegar ojo en toda la noche. Tras este suceso, me fui corriendo a la habitación de mi hija para no dejarla sola y poder protegerla. Estuve un largo tiempo acariciando su pelo y aportándola calor, notaba su piel muy fría… Entonces, me di cuenta de algo, tenía una pequeña herida en el cuello… Me fijé en que en su herida aparecían de nuevo los dichosos números: 1999. En aquel momento pensé en que si se lo decía a Luis iba a volver a decirme que eran paranoias mías… Así que decidí investigar por
voluntad propia.
Dentro del armario de su habitación pude encontrar una pista: había un pequeño agujero… Estaba muy oscuro… No sabía si adentrarme en él porque me daba mucho miedo… Entre tanto, se me ocurrió algo: preguntar a mi pequeña, pensé que ella podría saber algo:
– “María, ¿sabes a dónde llega ese agujero?”
– “Pues… En ese agujero jugamos todos”
– ¿Quiénes, hija?
– “Papá y las mujeres de negro”
Estaba aterrada, no me lo podía creer. Luis estaba tramando algo. Me pensaba que era un buen hombre, y que el cambio de residencia lo realizó por el cambio de trabajo… Pero no estaba en lo cierto. Planeaba algo, y era algo muy oscuro… Enseguida y en silencio, cogí mis cosas y las de María y me dispuse a salir por la puerta de entrada… En ese momento salió, literalmente, de detrás de las paredes, una mujer vestida de negro y de cara pálida…

Comencé a gritar y a correr con mi niña en brazos. Me agarró del brazo, pude ver en su mano los números inscritos 1999, pero esta vez, dados la vuelta y con un pequeño detalle que antes había pasado por alto: 666 y “t” invertida… Me topé con la realidad: el número del diablo y una cruz invertida… Luis estaba metido en una secta satánica y querían a mi pequeña para el día de Halloween… Pero yo no iba a dejar que se la llevasen.
Saqué las fuerzas de donde no las tenía, logré deshacerme de ella y eché a correr. Era de noche, apenas había farolas, por lo que pasé por un atajo y nos metimos entre unos arbustos… Allí estuvimos varias horas… Pude ver a lo lejos a Luis buscándonos… También a las 2 mujeres de negro de las que hablaba María… Desde entonces, mi pequeña se empezó a recuperar poco a poco y nunca más volví a ver a Luis. Logramos huir a un lugar muy lejano donde nadie pudiera encontrarnos…

O eso pensaba…

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¿Por qué nos atraen las historias de terror? Explicación Psicológica

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Para explicar la paradoja de que nos atraiga aquello que sabemos que nos asustará, necesitamos atender a estos conceptos:

Existe una respuesta fisiológica de alerta ante estímulos que nuestro organismo interpreta como peligrosos. Es una respuesta automática que en un principio sitúa nuestro cuerpo en posición de lucha o de huida. El hecho de superar esta respuesta, y salir victoriosos de una situación que provoque dicha alerta, actuará como reforzador a distintos niveles.

Para un niño, por ejemplo, actuar frente a otros niños o adultos como alguien que es capaz de enfrentarse a situaciones peligrosas (imágenes o historias de miedo) reforzará la conducta de exposición a esos estímulos “peligrosos” a través de los elogios o admiración social.

Para un adulto, a nivel fisiológico, el hecho de exponerse a una película de miedo puede llevarle a experimentar sensaciones que le generan adrenalina (de una manera similar a los deportes de riesgo) que finalmente se convierten en risas y una manera de superación por desarrollarse en un entorno controlado y seguro. Esto se interpreta actualmente como muy satisfactorio.

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- Escrito por Alicia JiménezPsicóloga del Equipo de Émora.

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