El siguiente relato sobre estrés postraumático está inspirado en hechos reales:

 

traumatizado

 

Buenas, soy Roberto, me gustaría contaros mi historia. Una historia que te aseguro que no te dejará indiferente. Para ello, nos tenemos que remontar a aquel viernes 5 de julio de 2019.

Era uno de esos días calurosos de verano. Había sido mi cumpleaños y me apetecía celebrarlo con mis amigos. Aprovechando que mis padres estaban trabajando, pensé que sería un buen momento para planificar una quedada con colegas.

En aquel momento estaba cursando Economía en la Universidad Autónoma de Madrid, y me llevaba muy bien con un grupo de gente. Pensé que, como hacía relativamente poco tiempo habíamos acabado los exámenes, la gran mayoría estaríamos dispuestos a hacer una quedada para desconectar y pasarlo bien. Llamé a uno de mis colegas (Mario), para comentárselo y quedar todos por la tarde. El plan ya estaba hecho, nos veríamos en el Campo de las Naciones de Madrid para ir al Parque Rey Juan Carlos, sólo quedaba que los demás aceptasen la proposición.

Y vaya que si aceptaron. Al llegar al Parque, vimos a un montón de gente esperando en el punto donde habíamos quedado. Mario y yo estábamos alucinando, era gente que ni siquiera conocíamos, pero no me importaba, realmente eran bienvenidos.

Me encontré con que me habían preparado una fiesta, con globos, felicitaciones y demás. La verdad es que me gustó mucho y les agradecí la asistencia. Sin embargo, hubo algo que no me gustó nada.

 

Empecé a notar ansiedad al ver la gran cantidad de botellas de alcohol que había por el césped

 

En ningún momento quería beber. Tenía problemas con la bebida. Tuve malas experiencias con la bebida y en un botellón llegué al coma etílico… tenía miedo. Me preguntaba si realmente una fiesta tenía que ir siempre acompañada por alcohol. No lo entendía, me negué a beber a pesar de las presiones constantes del grupo. Era decisión mía, no de ellos. Era algo que tenía muy claro, no quería ceder, en ese momento me encontraba bien y no quería recaer. Pero mi amigo Mario no se resistió a la continua presión de grupo y comenzó a beber alcohol. Recuerdo sus palabras como si fuese ayer:

 

 “No te preocupes Rober, sólo dos copitas que luego tengo que conducir” “Sólo quiero desconectar de todo el estrés que he sentido durante los exámenes”

 

La verdad es que, en general, pasamos una tarde bastante buena, conocimos a gente muy maja y nos echamos unas risas. Hablamos sobre la universidad, jugamos un poco a las cartas, al Party&Co y planeamos quedar de nuevo otro día porque nos lo pasamos muy bien.

Entonces comenzó a anochecer y la gente se iba marchando. Nosotros también decidimos irnos a casa, el sábado por la mañana Mario tenía clases de inglés y no quería irse muy tarde a dormir.

De vuelta al parking, los dos íbamos hablando sobre todo lo que había pasado durante la tarde, de nuestras impresiones sobre las personas que habíamos conocido durante esa tarde y demás. Cuando Mario hablaba, le notaba un poco ebrio, por lo que le comenté que sería mejor que condujese yo. Durante el recorrido, todo iba bien, pero cuando íbamos con el coche por una calle de único sentido cerca de la Calle Alcalá (y casi llegando a Barajas donde vivimos), se nos cruzó un coche sin respetar un ceda el paso, y tuve la gran idea de darle las largas…

Fue entonces cuando dejaron cruzado el coche y nos bloquearon el camino. En ese momento me empecé a preocupar mucho y mi nivel de ansiedad se incrementó: mi corazón empezó a latir muy rápido, comencé a sudar, notaba como un nudo en el estómago y las piernas me tambaleaban.

De repente, se bajaron dos hombres con malas pintas y venían directos hacia nosotros. Se les notaba que venían buscando bronca, pero no podíamos escapar, estábamos bloqueados. Vi cómo uno de ellos escondía algo detrás de su cuerpo, fue él el que se acercó y nos dijo…

 

  • Si quieres saber lo que realmente pasó, lee la parte II.

 

tengo problemas con la bebida

 – Para leer el relato anterior, pulsa aquí.

 

 libro-de-psicologia-para-verano

 

 

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Junio 2020

Émora Psicólogos para Jóvenes, Adultos y Familias en Madrid (Canillejas, Rejas, Plenilunio).

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- Escrito por Alicia Jiménez, Psicóloga del Equipo de Émora.

 

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