17 Jul Émora | Relato de un joven ucraniano
Relato de un joven ucraniano
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La historia de Ivan, un joven ucraniano de 19 años
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Nuestro compañero, Carlos Bernabé, nos presenta un relato escrito por Ivan, un joven ucraniano que solicitó ayuda psicológica y ahora desea contarnos su historia.
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Puedes ver el relato de Ivan en Youtube a continuación:
Puedes escuchar el relato de Ivan en formato Podcast a continuación:
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Escribo esta carta para contaros una pequeña historia, una de esas que pueden cambiar la manera en la que vemos el mundo.
Se trata del relato escrito por Ivan. Un chico ucraniano de 19 años que, en el inicio de este año necesitó asistencia psicológica y, dentro de un contexto de guerra y miseria, se atrevió a pedir ayuda.
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El contexto de Ivan
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En marzo del 2022, un mes después del inicio de la guerra de Ucrania, recibimos en Émora una llamada de una asociación de estudiantes universitarios ucranianos. Estaban recibiendo tantas peticiones de ayuda psicológica de sus estudiantes que habían decidido preparar una reunión online para que algún psicólogo pudiera atender al grupo.
Decidí preparar la reunión y estuve con ellos unas dos horas. Historias muy tristes, relatos de pérdida e impotencia. No podía hacer mucho más en esos momentos que escucharles con toda mi atención.
Al final de esa reunión les expliqué lo que podría considerarse, según los expertos, como un problema psicológico. Les propuse que si alguien tenía una petición en este sentido, nos escribiese a una dirección de correo electrónico y valoraríamos desinteresadamente cómo ayudarles.
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En febrero de este año, uno de los estudiantes que habían contado su historia en aquella reunión me envió un email. Le recordaba bien porque su manera de hablar había llamado mi atención. Hablaba de su familia, de deporte, del ejercicio tan estimulante que suponía crear una rutina de vida completamente nueva en un estado de guerra.
En su email, Ivan me contaba sin rodeos que estaba en una situación muy difícil. Puedo contaros esto ahora porque tengo su total consentimiento. Hoy Ivan está bien, dentro de la situación general que se vive en su país, y una de sus motivaciones es intentar que otras personas conozcan su historia a través de su relato. Que otros tomen conciencia sobre su propia situación.
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El inicio de la guerra en la vida de Ivan
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Ivan se dio cuenta de que la guerra había comenzado cuando un día, sin más preámbulo, cuatro tanques se posicionaron frente al edificio de viviendas en el que él había vivido toda su vida. Mientras rotaban sus cañones apuntando hacia las ventanas de los hogares, unos misiles nacieron de la azotea del mismo edificio y destruyeron esos tanques.
Aquí empieza la nueva vida de Ivan. Una vida de buscar dónde dormir, cómo llegar a cada lugar, cómo ayudar a su familia a llegar a esos lugares. Una vida en la que su padre está desaparecido y debe explicar todas las posibilidades a su hermano de ocho años.
Cuando por fin consiguen una nueva casa en otro edificio, en otra ciudad, Ivan no puede dormir por las noches. Sus pensamientos se tornan más oscuros y comienza a tener ideas relacionadas con el suicidio. Algo entonces le hace recordar aquella reunión de estudiantes con un Psicólogo español. Busca el correo electrónico y escribe ese email.
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En cualquier contexto pueden seguir existiendo deseos y motivaciones
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No es habitual lo que él hizo, ni cómo lo explicó. Ivan tiene capacidades especiales. Lee libros antiguos, libros de filosofía. Le interesa el arte y hace sus propios dibujos. En ellos uno puede ver el mundo a través de sus ojos.
Durante el tiempo que ha durado nuestro trabajo, Ivan relataba en muchas ocasiones cuánto le gustaría hacer una “gran excursión” por los campos de su país. Ir a las montañas y caminar durante kilómetros y kilómetros. Esta era una idea peligrosa dadas las circunstancias. Pero finalmente la realizó, aun sin la aprobación de su familia. También hablamos sobre sus conversaciones con una amiga que tuvo que emigrar a Alemania al inicio de la guerra. Alguien por quien sus sentimientos van más allá de la amistad. Alguien a quien no sabe cuándo volverá a ver.
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La misión de Ivan con su relato
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Ivan fue mejorando su estado y hoy en día tiene una vida completamente adaptativa. Ha vuelto a Kiev para estudiar, ha buscado un piso donde vive con otro compañero y trabaja unas horas los fines de semana. Además de hacer su obligatoria instrucción semanal con el ejército.
Él ha querido que yo escribiese estas líneas para presentaros su historia y enviaros su relato traducido al español.
Aquí lo tenéis, espero que consideréis que es valioso para inspirar a otras personas y consigamos dar voz a la historia de Ivan.
Muchas gracias,
Carlos Bernabé
Émora Psicólogos
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A través de los campos
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Prólogo
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Una persona cuya existencia no tiene sentido es una persona maldita.
Yo era ese hombre rebosante de pensamientos negativos. Visitar las montañas era mi único y último objetivo. Estaba listo para terminar con mi vida tras tomar unas fotografías, después de apreciar su belleza.
Esta historia trata sobre la excursión que preparé como prueba antes del gran viaje.
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Preparación
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Mi plan era caminar desde mi actual casa hasta una cabaña de campo de mis abuelos, que está a unos 18 kilómetros de distancia. El tiempo estimado, de cuatro a seis horas dependiendo de diferentes factores. Preparé una mochila con comida deshidratada, algunos bocadillos, dos botellas de agua, un cuchillo, una navaja multiusos, un cuaderno, un bolígrafo, una batería con algunos cables, ropa de repuesto y otras cosas que llevo a diario.
Todos los miembros de mi familia estaban preocupados y trataron de hacerme cambiar de opinión, pero fui terco. No quise recalcar siquiera ningún punto que apoyara mi idea. Expuse mi plan como un hecho irrefutable, inamovible. Se dieron por vencidos.
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Recordatorio
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La noche anterior no pude dormir mucho. Los rusos atacaron la ciudad. Usan drones fabricados en Irán y el resultado aquí todos lo conocemos bien: explosiones, destrucción y muerte de civiles. No los he conocido. No sé sus nombres. No fueron nadie en mi vida. Y ya nunca podrán serlo.
Puedo suponer que fueron padres de alguien, hijos de alguien, mejores amigos de alguien. Seguramente hubo quien lloró mucho ese día.
Todas las noches me voy a dormir con el entendimiento de que puedo despertar perdiéndolo todo o no despertarme en absoluto. De todos modos, entre pesadilla y pesadilla aún aparecen buenos sueños.
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Partida
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Esa mañana comí un par de sándwiches con mermelada de mora y bebí un vaso de agua. Me puse la mochila y salí a las 8:10. El clima era agradable. El sol primaveral brillaba pero aún no ardía. El viento moderado permitía que las gaviotas se quedaran colgadas en un punto del cielo, explorando todo a su alrededor. La ciudad ya estaba despierta y la gente se ocupaba de sus propios asuntos.
La mayoría parecían gruñones, tristes o a veces simplemente tranquilos, como esas gaviotas de arriba. Esa es la gente que amo, gente real. Nadie tiende a poner sonrisas falsas en su rostro. Si se muestran felices, es porque realmente vale la pena.
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Ciudad
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Mi ruta transcurría por calles que conocía bien. Al menos, eso pensé. Mi mejor amigo y yo íbamos mucho por allí en bicicleta cuando éramos niños, pero nunca nos paramos a observar los viejos edificios rojos que vi ese día. Eran edificios de un centro de rehabilitación. Los viejos marcos de madera de las ventanas se sostenían gracias a un sinfín de clavos y láminas de protección. Fueron puestos para no dejar pasar a la metralla. Hoy en día, puedes resultar herido incluso en el hospital.
Me llevó alrededor de una hora salir de los límites de la ciudad. Sentí entonces algo extraño, como si tuviera ganas de dejar caer algo pesado. Pero, a partir de ese momento, solo hubo un camino y ningún obstáculo.
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Extraño
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En la ruta pasé cerca de muchas paradas de autobús. En su mayoría esas paradas no estaban vacías. Hombres y mujeres esperaban una posibilidad segura de salir o entrar en la ciudad. Tenía la sensación de que pertenecían allí, a la propia parada. Estaban destinados a estar allí. Formaban parte de este terreno escalonado y hacían que ese limbo se sintiera un poco más vivo.
Me vieron llegar en el horizonte. Lentamente me acerqué a ellos, pasé de largo y me alejé hacia el horizonte opuesto. Nunca me habían visto antes y probablemente nunca me volverían a ver. Soy un fantasma en su vida. No les traje nada ni les llevé nada. Simplemente estuve allí por un momento, como ellos para mí.
Tal vez nuestro sentido de la vida sea pasar como un extraño por la vida de otras personas.
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Carga
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Siempre he querido estar listo para cualquier cosa. Dispuesto a predecir cualquier problema y tener algo para resistirlo. Llevar un montón de equipo encima parecía ser una buena solución. Pero la verdad es que estar preparado para todo pesa mucho. Entonces, en el último tercio de la ruta reconsideré la idea de la preparación. La próxima vez llevaría muchas menos cosas conmigo.
Esto me recordó también lo materialista que soy. No podemos vivir sin un montón de basura que los anuncios nos hicieron comprar. Pienso ahora en lo que necesito de verdad, y lo cierto es que vendería o regalaría el resto. Evita que las cosas decidan el itinerario de tu viaje, me dije a mí mismo.
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Confesiones
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Hubo mucho tiempo para procesar diferentes pensamientos, pero ningún deseo de gastar ese tiempo en el flujo diario de tareas e información. Mi mente se desnuda cuando las cosas rutinarias y el teléfono no me estimulan constantemente. Ya no estaba cubierto con una capa de tareas y deberes. Quizá comenzaba a hacerme las preguntas importantes.
¿Debería marcharme definitivamente? Estoy tan harto de la ciudad en la que me encuentro actualmente que me ahoga el peso de las casas y las grises fábricas de cemento. Me quema con su calor artificial. Me estresa con los recuerdos de vida tranquila que ya no existen. Hay una respuesta justo en la pregunta. Debería hacerlo, y no sé qué me detiene.
¿Debo confesarle a la chica, que está a 2185 kilómetros de distancia, mis sentimientos? De repente esa cantidad de kilómetros ya no me resultaba imposible de superar. Me sentía listo para ponerme unas zapatillas y usar Google Maps. Tardaré sólo 446 horas en llegar a mi destino final, pensé.
El problema es que no tengo ningún derecho legal para salir del país durante la guerra, sin ninguna razón seria, como ser voluntario en el frente o recibir una educación militar. Tampoco quiero que ella regrese porque mi único deseo es su seguridad y felicidad. No hay respuesta en la pregunta.
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Llegada
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En total, caminar dieciocho kilómetros me ocupó mucho menos tiempo de lo que esperaba. Estaba encantado finalmente de tomar asiento y quitarme la mochila, pero sólo fue un deleite físico. Mentalmente tenía miedo de que el estado de libertad mental terminase pronto, sin ni siquiera avisarme. Sin embargo, olvidarme de todo durante aquellas horas fue algo tan dulce.
También se ha despertado algo en mí que me hace sentirme increíblemente agradecido con las personas que, sin saberlo, lo han hecho posible. Estoy agradecido a los soldados, médicos, bomberos, policías y todos los demás que arriesgan sus vidas ahora mismo para que podamos continuar con la nuestra.
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Epílogo
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Me sorprende la cantidad de emociones y recuerdos que puede traer un evento tan corto en la vida. He pasado un tiempo maravilloso, incluso ahora que lo estoy escribiendo todo. Me evocaron fuertes sentimientos, derramé una lágrima varias veces y sonreí ampliamente mientras juntaba todo en mi cabeza. Mi mayor esperanza ahora es lograr compartir algunas de esas emociones contigo, quienquiera que seas y donde quiera que estés, amigo mío.
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