¡Hola a todos y a todas! Os invitamos a que escuchéis el nuevo podcast propuesto por Émora Psicólogos Online Madrid, en compañía de Naiara Matesanz, Psicóloga Sanitaria.

 

En él, Naiara y Carlos, Psicólogo del Equipo de Émora, conversan sobre el sentimiento de culpabilidad:

 

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¿Qué es la culpa?

 

La culpa o el sentimiento de culpabilidad, está constituida por sentimientos, pensamientos y evaluaciones sobre “lo que debes ser y hacer”. Pero la clave de esta “voz crítica” es que se dirige hacia el pasado. Resuena en tu mente para recordarte lo malo que has sido cada vez que no has cumplido con tu deber. De este modo, la culpabilidad consigue que malgastes tu presente mientras das vueltas a tu comportamiento en el pasado.

 

Es muy fácil encontrar ejemplos de culpabilidad, estamos rodeados de personas que se sienten culpables, mal y avergonzados, por decir (o no decir), hacer (o dejar de hacer) o sentir (o dejar de sentir). Por ejemplo, al discutir con tus padres o tu pareja, al desagradar a tu jefe por algo, o en otros ámbitos cotidianos como no ir al gimnasio el día que tenías programado entrenamiento, saltarte la dieta o comerte el último helado, al rechazar el plan familiar (tal y como le pasó a mi amigo), al no estudiar todas las horas que te habías planificado, y así podríamos seguir durante horas. Del mismo modo, todos generamos culpa en los demás y en muchas ocasiones sin darnos cuenta.

 

 

¿Por qué nos sentimos culpables?

 

La culpa es un sentimiento que se alimenta de los valores, creencias y reglas sociales que durante toda tu vida te han inculcado y que actualmente forman parte de ti. Y en contra de lo que se puede creer no es un sentimiento universal, que todo el mundo experimente ni sea igual de importante en todas las culturas ni para todas las personas. Pues es algo que aprendemos. A lo largo de tu vida te han enseñado que es incorrecto no sentirte culpable cada vez que “te portas mal”, pues si realmente te importa una persona o cosa, tu interés se demuestra en la medida que te sientas mal por las cosas que le has hecho. Y al igual que aprendemos a sentirnos culpables, también aprendemos a hacer sentir culpable al otro, porque los seres humanos somos animales muy inteligentes a la hora de generalizar aprendizajes.

 

Voy a poner un par de ejemplos para que sea más fácil entenderlo. Supón un niño que saca malas notas y el mensaje que recibe por parte de su padre es “que desilusión se va a llevar tu madre cuando se lo cuentes… anda que sacar un insuficiente un niño tan inteligente como tú…”. ¿Qué emociones despertará en él estas preguntas? Ahora voy a darle la vuelta a la tortilla, porque como ya he dicho la culpa se aprende, y los niños también aprenden a usarla cuando la madre prohíbe a su hijo ir a la fiesta de cumpleaños de su amigo como castigo por suspender tres asignaturas y su hijo le dice “eres una mala madre, si me quisieras me dejarías ir, Pepe también ha suspendido y sus padres sin embargo sí le dejan ir…” realmente ambos mensajes son muy similares, intentan movilizar emociones negativas en el otro, aludiendo a su mal comportamiento.

Otros ejemplos de la vida cotidiana: ¿alguna vez has dado propina en un bar por no pasar por la vergüenza de no comportarte como se espera de ti?  ¿Has aceptado ayudar a un amigo en una mudanza a pesar de que no podías porque te sentías culpable si le decías que no?

 

 

Si la culpabilidad es inútil, ¿cuál es la finalidad entonces de sentirme culpable?

 

Probablemente todos a estas alturas estemos de acuerdo en que el sentimiento de culpa es desagradable ¿Entonces por qué lo experimentamos? Realmente sentirse culpable es útil. Por ejemplo, cuando te sientes culpable por tu pasado, dejas de dirigir tus energías a actividades que podrías hacer en el presente y que son provechosas, pero que muchas veces requieren grandes esfuerzos. Si me centro en pensar en lo malo que fui ayer por no llamar a mis abuelos, no tengo tiempo para cambiar las cosas hoy, gasto el tiempo que podría dedicar en hacer la llamada (que me da algo de pereza) en sentirme mal por lo que no hice ayer, e incluso no estoy haciendo ahora. 

Además, si te diriges hacia el pasado, pierdes la oportunidad de cambiarte a ti mismo en el presente, pero también evitas los riesgos que estas decisiones podrían conllevar. Asumo un rol de víctima en el que me califico como mala persona, y esto va a generarme emociones muy altas que me bloquearán, pero también me impedirán asumir el riesgo de cambiar, de tomar decisiones y enfrentarme a cometer errores o a asumir riesgos.

 

Otras veces, cuando te sientes culpable, la gente siente compasión e incluso aprueban este sentimiento, pues vivimos en una sociedad donde culturalmente se concibe la culpa como una forma de exonerar tu mal comportamiento, como si sintiéndote culpable demostrases que conoces tu deber y ya estás resolviendo el problema. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, pues sentirte así no te permite cambiar las cosas a mejor

 

 

Estrategias para eliminar la culpabilidad:

 

Quizá llegados a este punto te preguntas qué puedes hacer con tu culpa. Algunas estrategias para sentirte “libre de culpa” son:

 

  • Comienza a sustituir la palabra culpa por responsabilidad y asume las consecuencias de tus actos. Todos nuestros actos, tanto buenos como malos, tiene consecuencias y el responsable de ellos somos nosotros. Algunas veces nuestro comportamiento tiene consecuencias no deseadas, si yo soy responsable, podré ver que recursos poseo y puedo poner en marcha para arreglar las cosas y aprender.  Si mi pareja se ha enfadado conmigo por no haber hablado con ella durante esta semana, puedo reflexionar sobre mi responsabilidad en esa situación, y si realmente no he mostrado ningún interés y quiero cambiarlo, la próxima semana puedo orientarme a hablar con ella un par de días. Si me quedase pensando en lo mala pareja que soy por no haberle hablado y en lo mal que me hace sentir, no estoy haciendo cambios hacia una comunicación más satisfactoria en la pareja.

 

  • Empieza por aceptar en ti mismo aquellas decisiones y valores de tu elección que pueden disgustar a ciertas personas. Es importante que te apruebes a ti mismo; es cierto que la aprobación de los otros es agradable, pero no es necesaria. Cuando alguien adquiera una posición contraria a la tuya acéptalo como algo natural. Al fin y al cabo todos tenemos distintos puntos de vista, y el tuyo es igual de legítimo que el de los demás. Por ejemplo, decido que para mí es adecuado poner el trabajo por delante de las responsabilidades de la casa, y no me importa tener pelusas en las esquinas, aunque siempre me han enseñado que es muy importante ser ordenado y tener la casa limpia, y mi madre cuando ha venido a mi casa me ha recriminado lo sucia que está. Puedo aceptar que esto es su opinión y que es igual de válida que la mia y no gastar segundos de mi tiempo en sentirme culpable por tener así la casa cuando hay visita.

 

  • Escribe un diario de culpas. Anota las situaciones en las que te sientes culpable, cuándo, con quién sucede, por qué, y qué estás perdiendo en el momento presente al angustiarte por el pasado. Esta estrategia te permitirá conocer tu zona particular de culpa y te facilitará la siguiente tarea.

 

  • Reevalúa tus valores. Cuando no vives en consonancia con los valores del bien y el mal que tu contexto te enseña se despierta en ti el sentimiento de culpa. Sin embargo, no tienes porqué aceptar todos estos valores sin más. Haz una lista de todos los valores y deberes que se han reflejado en tu diario. Evalúa con cuales estás de acuerdo y cuales deseas cambiar, elige tú mismo tus propios deberes y no los que te inculca la sociedad.

 

  • Evalúa las verdaderas consecuencias de tu comportamiento. Aléjate de los sentimientos paralizantes y evalúa objetivamente si los resultados de tus actos son agradables y productivos para ti. Volvamos al ejemplo de las pelusas, ¿cómo de malo es tener la casa con pelusas? ¿a quién estás haciendo daño realmente por esa decisión? ¿qué cosas positivas te ha traído el tomarla?

 

  • Enfréntate a la culpa. Selecciona un comportamiento que te haga sentir culpable y hazlo, de este modo comprobaras por ti mismo la inutilidad de la culpa. Repasa el diario de culpas y elige una de las entradas que hayas rellenado, puedes empezar por elegir la que te resulte más sencilla. Esto es u proceso y como tal requiere tiempo aprender a enfrentarse a la culpa.

 

La culpa no va a cambiar el pasado ni te hará mejor persona. Si realizas cambios en cómo interpretas y valoras tus errores, y comienzas a actuar en consecuencia dejarás de sentirte culpable y comenzarás a aprender de las experiencias vitales.

 

 

Referencias bibliográficas: 

Dyer, W. (2010). Las emociones inútiles: culpabilidad y preocupación. En Dyer, W. (Eds.) Tus zonas erróneas (pp. 40-47). DEBOLSILLO.

 

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-Para escuchar el podcast anterior, pulsa aquí

 

 

Mayo 2020

Émora Psicólogos Online para Jóvenes, Adultos y Familias en Madrid.

Madrid.

Teléfono: 91 495 62 82 672 79 94 03

 

 

- Escrito por Naiara Matesanz, Psicóloga colaboradora.

- Editado por Alicia Jiménez, Psicóloga del Equipo de Émora. -

- Podcast elaborado gracias al contenido y formato inspirador de Canal Extremadura – Las perras de Pavlov.

 

 

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