El DÍA EN EL QUE SE PARÓ TODO

 

Parece que vivimos un continuo sueño, una pesadilla permanente. Preguntas del estilo: “¿puede estar pasándonos esto a nosotros?”; “¿es posible que una enfermedad de este tipo ataque a la yugular del llamado mundo desarrollado?”, vagan sutilmente por mi cabeza, harta de números, datos, cifras envueltas en curvas con diferentes pendientes que no reflejan para nada la realidad.

 

He dejado de mirar las curvas, los datos. A pesar de mi formación puramente científica he llegado a la conclusión de que esos datos no reflejan la verdadera realidad. Y esa realidad la veo en la calle, el rato que salgo a comprar, la veo en los múltiples whatsapps que recibo de mis contactos, la veo en la cara de resignación del cajero que me atiende, como queriendo decirme que no querría estar ahí…. Es la realidad del miedo.

 

Y es que por primera vez lo siento. Y lucho porque no me domine. Miedo de no poder abrazar, miedo de no poder besar, miedo de no poder estrechar la mano de aquellos a los que un día pude hacerlo. Miedo de que nuestros mayores se vayan, de que mis mayores, o los vuestros, que leéis esto y a los cuales quiero y aprecio, se vayan solos, sin una mano a la que agarrar. Porque me estremezco al escuchar casos en los que familiares dejan a sus mayores en las ucis de los hospitales, sabiendo que quizá no puedan volver a verlos, ni siquiera para darles su último adiós. Es una de las cosas más duras que mi mente es capaz de imaginar, de las cosas más duras a las que quizá pueda enfrentarse un ser humano.

 

psicologo-online-coronavirus-cuarentena-madrid

 

Me doy cuenta de que esto ha llegado para dar la vuelta a nuestras vidas, quizá de forma temporal, quizá de forma definitiva. Pienso en las relaciones sociales, en cómo nos “juntamos” con los nuestros mediante videollamadas, cómo estrechamos lazos con mucha gente con la que apenas intercambiamos unos mensajes de texto habitualmente, pero que ahora sentimos la necesidad de poder ver. Y es que ahora tenemos tiempo, sí, ese tiempo del cual la vorágine del día a día no nos permite disponer. Ahora tenemos tiempo de sentarnos para vernos las caras con aquellos que están “lejos”, a 100 km, a 1000, o quizá a 200 metros. Trabajemos o no lo hagamos, ahora sí encontramos ese tiempo del que tanto adolecemos, o creemos no disponer, en nuestra rutina habitual.

 

Porque todo lo que creíamos importante hasta el día en el que todo paró, ha pasado a segundo plano. Esas preocupaciones que no nos “dejaban dormir” hace dos semanas han caído al fondo de una bolsa, y han sido cubiertas por una preocupación demoledora: y es que no hay otro tema de conversación, no hay otra cosa en la cabeza que no sea este maldito bicho que parece estar acabando con nosotros.

 

Nosotros, mundo desarrollado, que tan implacables e indestructibles nos creíamos, armados de tecnología hasta los dientes y con los mejores investigadores de nuestro lado, vemos como un diminuto elemento se jacta de dominar y condicionar nuestro modo de actuar. Un elemento que se encargará de castigar nuestros excesos, de forma despiadada, excesos que un día creímos libertades, implícitas a nuestro mundo actual, pero que nunca terminamos de valorar en su justa medida.

 

psicologos-coronavirus-ansiedad-online-aislamiento-cuarentena-madrid

 

Y ahora, no podemos salir a la calle. Y ahora, no podemos abrazar a nuestros padres, ni a nuestros abuelos. Y ahora, tememos por nuestros hijos. Situaciones y gestos que se convirtieron en banales para muchos, hoy los echo de menos, y me arriesgaría a decir que los echamos de menos.

 

Quizá esto sea simplemente un toque de atención, una tarjeta amarilla, si me permitís el argot futbolero, un mensaje. ¿Quién lo envía?”, podréis preguntaros. No lo sé, quizá la naturaleza, quizá la Tierra, quizá… Quizá nos quiera decir que esa forma de vivir no es la adecuada, no es la mejor para nosotros. Quizá debamos cambiar algunas cosas, quizá debamos cambiar algunos de nuestros pensamientos o relativizar aquello que realmente es circunstancial o banal y que nos carcome por dentro mientras estamos subidos en el tren de nuestras vidas.

 

Veremos si este bicho sigue condicionando nuestro comportamiento de forma temporal, o se extiende en el tiempo, y si al menos somos capaces de encontrar alguna enseñanza de esta situación. Porque viéndolo fríamente, quizá ese aprendizaje que cada uno podamos hacer, o que hagamos como sociedad, será lo único bueno de este problema que tanto nos preocupa.

 

psicologos-online-ansiedad-coronavirus-aislamiento-cuarentena-madrid

 

De momento, seguiré agradeciendo a cada sanitario, a cada policía, a cada miembro de nuestro ejército, por todo lo que están haciendo por nosotros. Pero me acordaré que esto que hacen ahora lo hacen todos los días del año. Ese será parte de mi aprendizaje. Seré capaz de mañana, o el próximo día que pueda ir a  comprar de agradecer a ese cajero, al que hoy veo a través de una pantalla de metacrilato, que esté ahí para mí, para que yo pueda comer.

 

Y esperaré, con un fuerte deseo a la vez que con gran impaciencia, a que el día en que pueda cruzarme con alguien por la calle no me separe dos metros de él, llegue cuanto antes. A que todo, aunque diferente, vuelva a ser “normal”. Porque me voy haciendo a la idea de que la normalidad, a partir de ahora, será distinta a la que ya conocíamos.

 

Y diré que habremos recuperado esa nueva “normalidad” cuando el miedo abandone de forma definitiva mi espectro mental. Hasta ese momento,

 

yo me quedo en casa.

 

 

J.M.H

 

 

Marzo 2020

Émora Psicólogos en Coslada para Jóvenes, Adultos y Familias

Avenida de la Constitución, 85, Portal 6, 1º-1

28823, Coslada, Madrid

Teléfono: 91 495 62 82

 

 

firma mail links

El día en el que se paró todo. Reflexión sobre la situación de aislamiento y cuarentena debido al Coronavirus, Covid-19
5 (100%) 19 votes

Comments are closed.