Resulta evidente que en muchas ocasiones tenemos claro que el comportamiento o conducta llevada a cabo por otra persona nos está molestando o perjudicando.

 

Tal y como vimos en el artículo anterior, tenemos algunas dificultades a la hora de rechazar una propuesta que alguien nos realiza. En este caso, también podemos observar ciertas dificultades cuando algo nos molesta y no somos capaces de pedir correctamente un cambio de conducta.

 

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No se trata de obligar a otros a cambiar sus comportamientos, sino que, dentro de lo posible, se trata de que podamos acercar nuestras posturas. Es importante que cada vez que pidamos un cambio en la manera de comportarse de otra persona lo hagamos de forma asertiva, evitando en todo momento hacerlo de forma inhibida (“mejor me aguanto y me callo”) o de forma agresiva (“me molesta mucho y ataco al otro”).

 

La clave está en que debemos poner el foco de atención en el verdadero problema. Éste se encuentra en el comportamiento que para nosotros es problemático, no en la persona. Por lo que deberíamos cambiar un pensamiento del tipo “es un/a estúpido/a, no debería comportarse así conmigo” a un “quizá no sepa que esta situación me molesta y yo puedo decírselo”.

 

Así, además de aumentar las posibilidades de conseguir el cambio de conducta deseado, podremos reducir la ansiedad anticipatoria que nos produce la incertidumbre de no saber cómo hacerlo o de pensar cómo se lo tomará la persona a la que se lo estamos pidiendo.

 

En primer lugar, evalúa el problema y busca el momento adecuado:

 

Puedes evaluar si quieres pedir o no el cambio de conducta. Hazte a ti mismo/a la siguiente pregunta: ¿qué quiero conseguir? Cuando tengas una respuesta al respecto, comprueba que es el momento adecuado para pedir el cambio de conducta: evalúa tu propio estado emocional (si te encuentras ante un estado emocional intenso es mejor que esperes a estar más estable) y evita la presencia de más personas en la sala.

 

Posteriormente, expón el problema y pide el cambio de comportamiento:

 

Para ello, es aconsejable que utilices la estrategia DESC (Bower y Bower, 1976) basada en la psicología. Este acrónimo abrevia los cuatro pasos clave (en inglés) de la expresión de sentimientos negativos: describe+expresa+especifica+consecuencias.

 

  • Describe la conducta que te molesta de forma clara, concreta, evitando acusaciones y descalificaciones, sin etiquetar (“eres un…”) y sin generalizar (“siempre/nunca/todo…”). Observa y examina exactamente cómo ha ocurrido, describe el momento, lugar y frecuencia del comportamiento. Es muy importante que describas la actuación como tal que te ha molestado y NO el supuesto motivo. En este primer paso, puedes empezar con: “Cuando pasa tal cosa…”

  • Expresa tus pensamientos o sentimientos de forma calmada, centrándote en la conducta que te ha molestado. Es importante que utilices “mensajes yo” y evites los “mensajes tú”; pero ¿a qué hacen referencia exactamente estos conceptos? Veamos varios ejemplos ilustrativos: los “mensajes yo” serían del tipo: “ME siento mal” o “Esto ME duele mucho”; a diferencia de “mensajes tú”, que serían como: “por TU culpa estuve muy mal” o “TUS palabras dañan mucho”. La diferencia es clara, debes evitar culpabilizar al otro, NO le des a entender que ha hecho algo mal ni ataques a su autoestima, sino que debes centrarte y responsabilizarte de tus propios sentimientos, partiendo del YO y de la expresión de tus pensamientos en primera persona, de lo que realmente sientes con esa situación problemática. Puedes empezar con frases como: “Me siento…”, “Pienso…”

  • (Tras esto, es recomendable hacer una pausa y escuchar el punto de vista del otro)

  • Especifica y pide el comportamiento alternativo deseado. Tienes que concretar exactamente cuál sería la alternativa a ese comportamiento. Pide únicamente un cambio y que no sea excesivo, piensa que ese cambio debe ser realmente factible para la otra persona, pues ésta no debe sufrir grandes pérdidas con el cambio. Tras asegurarte de que ha entendido bien el cambio que pides, es importante que preguntes si está de acuerdo. Si fuese apropiado, puedes también especificar qué conducta puedes cambiar tú para llegar a un acuerdo. En este paso puedes utilizar frases como “Preferiría…”, “Quisiera…”, “Me gustaría…”

  • Señala las consecuencias positivas que tendrían lugar si la otra persona mantiene el acuerdo para cambiar. Si para ambos existen consecuencias positivas del cambio, puedes citárselas. Puedes empezar con la frase: “Si haces…”

 

Cabe destacar que no siempre es necesario emplear los cuatro pasos clave, pues a veces es más aconsejable el empleo de uno, dos o tres de los componentes. Todo dependerá de la situación y la persona, pero es importante que tengas en cuenta los cuatro pasos que podrían servirte de ayuda para pedir un cambio.

 

Dicho esto, si la persona acepta la propuesta de cambio, resulta imprescindible agradecérselo con el objetivo de reforzar su actitud favorable.

 

En cambio, si no se soluciona el problema porque rechaza la propuesta, tendremos que mostrarnos empáticos, tratar de comprender su punto de vista y tener presente que la otra persona también está en su derecho de decirnos que no. Es importante permanecer atentos a la proposición de nuevas alternativas, y, únicamente si es oportuno, se pueden recordar periódicamente las consecuencias positivas que tendría el cambio propuesto y las negativas del comportamiento actual.

 

Esperamos que estas pautas investigadas por distintos psicólogos te sirvan de ayuda para tu día a día, y muchas gracias por haber leído hasta aquí. ¡Un cordial saludo!

 

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 – Para leer el artículo anterior, pulsa aquí.

 

Abril 2020

Émora Psicólogos en Plenilunio, Rejas, Canillejas para Jóvenes, Adultos y Familias

Calle Aramayona, 3 – 28022 Madrid

Teléfono: 91 495 62 82 / 672 79 94 03  

 

 

- Escrito por Alicia Jiménez, Psicóloga del Equipo de Émora.

– Material basado en el Manual de evaluación y entrenamiento de las habilidades sociales (Vicente E. Caballo)

 

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