Me llamo Dory. Soy una mujer de 44 años y vivo en Coslada, aunque mi nacionalidad es rumana.

 

Hace 18 años, en mi país trabajaba de ayudante en un centro médico. Tengo estudios de enfermería y cuidados intensivos. También realizaba tareas de administración y atención al público.

 

Un día, el dueño del centro nos dijo que cerraba. La situación económica era mala. Los clientes ya no podían pagar. Decidimos viajar a España. Unos amigos ya vivían en Coslada.

 

Vine con dos hijas, de 2 y 4 años. Mi marido y yo nos separamos. Pasado un año, aquella separación supuso el divorcio.

 

En Coslada conocí a un hombre rumano que también había emigrado para buscar trabajo en Coslada. Todo fue bien con él. Mis hijas estaban felices y finalmente nos casamos.

 

Encontré trabajo de traductora, que con el tiempo se convirtió en mi dedicación. Trabajaba en casa. Me enviaban textos por correo y tenía que traducirlos. Creo que hasta hoy habré traducido más de mil novelas y libros de poesía del rumano al alemán y del alemán al rumano. Mi abuelo materno era alemán. Por eso sabía hablarlo con soltura.

Psiholog-Coslada

El trabajo me apasiona. Pero hubo un problema. Mi español no avanzó como el de otros compatriotas. (Mis hijas me están ayudando a escribir este texto).

 

En casa hablaba rumano. Veía que me quedaba atrás cuando salía a la calle o quedaba con otras amigas. Al estar tan concentrada en las traducciones, no me di cuenta de cuánto me había estancado.

 

No comprendía las conversaciones entre españoles. Comencé a sentirme excluida. Nadie me hacía mal, pero yo me sentía fuera. Mi marido y mis hijas me animaban a intentarlo. Pero solamente sirvió para tener cada vez más ansiedad.

 

Sentía vergüenza, miedo y desconfianza. Llegó un momento en el que evitaba cualquier contacto con españoles. Si venía el cartero a casa, hacía que otra persona abriese la puerta. Si tenía que renovar el pasaporte, la noche anterior no dormía y me aseguraba de que una de mis hijas pudiera estar conmigo.

 

Lo peor es que tenía la sensación de que mi carácter había cambiado. Antes era una chica extrovertida y a la que le encantaba estar rodeada de gente. Desde hace años, parecía una persona distinta.

 

Mi hija mayor estudia Psicología en la Universidad. Cada día me contaba lo que aprendía. Nos dimos cuenta de que lo que me estaba pasando podría considerarse un problema psicológico.

 

Según mi hija, se trataba de un problema de aprendizaje en el trato habitual con el entorno que me rodea. Estos problemas de aprendizaje pueden cambiar a una persona, hasta el punto de recluirlas en casa y sentirse angustiadas o deprimidas.

 

Así que mis hijas me propusieron visitar a un Psicólogo. Buscamos uno que hablase rumano. En internet escribimos: Psiholog Coslada. No hubo suerte. Sin embargo, encontramos un sitio en el que las fotografías me trajeron recuerdos del centro en el que había trabajado en Rumanía. Aquél centro no parecía uno habitual, sino más bien un lugar espacioso y con mucha luz.

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Un Psicólogo hablando y preguntado en castellano. No podía ni pensarlo. Pero haciendo un grandísimo esfuerzo y apoyada también por mi marido, decidí probar.

 

Hoy puedo decir que conseguí dos cosas. La primera, sentirme de nuevo capaz de entablar conversaciones con cualquiera. Puedo preguntar lo que no entiendo sin temor. Vuelvo a ser una persona que se comporta en sociedad de manera natural.

 

La segunda, ¡hablo español!

 

Espero que mi caso ayude a más personas a dar un paso hacia fuera y trabajar sus temores.

 

Gracias al Psicólogo. Pero sobre todo a mis hijas, que me ayudan a escribir, y a vivir.

 

Os quiero.

 

Marzo 2019

Émora Psicólogos en Coslada para Jóvenes, Adultos y Familias

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