El siguiente relato está inspirado en hechos reales…

 

Iria trabaja el control de su ansiedad con un Psicólogo. Lo hace desde que el mes pasado descubriese que el pelo se le estaba cayendo – literalmente – a puñados. 

 

En primer lugar Iria buscó en Internet remedios para detener la caída del cabello. Encontró algunas citas que hablaban de causas genéticas, así que pensó que a sus 26 años había llegado el momento de dejar de disfrutar de una densa melena. ¡Con lo que ella amaba su largo y nutrido pelo!

 

Siguió buscando, y encontró algunos remedios basados en la alimentación. Unas pocas berenjenas en el desayuno y todo estaría resuelto. Después de una semana, el pelo seguía cayéndose, diría que incluso en mayor cantidad. Y había descubierto algo que terminó de asustarla. Unos círculos pequeños pero perfectos, sin pelo, habían aparecido en el centro de su cabeza. Iria lloró de rabia, pero estaba segura de que eso no podía ser normal. Se armó de valor y decidió pedir cita a su médico de cabecera.

 

caída pelo psicólogo

 

Pasaron tres días hasta que pudo asistir a la consulta de su doctor. Durante ese tiempo Iria no se dejó ver. No fue a trabajar. No dejó que su pareja la visitase. No fue a comer a casa de sus padres. No subió ni una sola foto a Instagram. Nada. Cuando la llamaba alguna amiga, preocupada por su misteriosa reclusión, ella aducía tener una gripe muy fuerte.

 

La visita al médico se produjo un miércoles. Llovía a raudales. Iria tuvo pánico de que su pelo, al mojarse, descubriese aún más la falta de cabello. La angustia por no querer mostrar su pelo, unida a la idea de qué pasaría si el médico no sabía solucionar su problema, tenían a Iria en un estado de nerviosismo total. Estaba desorientada, no recordaba nada de lo que hacía. Se estaba volviendo loca.

 

Una vez en la consulta, Iria se puso una gran cinta diadema en la cabeza, mientras esperaba su turno en la sala de espera. Un hombre mayor la miraba, Iria frunció el ceño, y el hombre la sonrió como para tranquilizarla. A Iria se le pasó por la cabeza que todo el mundo podía ver sus pequeñas calvas. Le costaba hasta respirar.

 

psicólogo en coslada émora

 

El doctor la llamó después de unos 15 minutos. “¿Iria Fernández? Pase, por favor”.

 

- Cuéntame Iria, ¿qué te pasa?

 

Iria estaba tan nerviosa que le temblaba la voz.

 

- Tranquila mujer. Mira, quítate el chubasquero, que aquí dentro ya no te vas a mojar.

 

Iria sonrió levemente. Se quitó el chubasquero. Respiró profundamente y dijo: el pelo, se me está cayendo. Y rompió a llorar.

 

Estuvieron unos minutos hablando. El doctor pudo observar con detalle todo lo que Iria le contaba. Tras unas cuantas preguntas más, comenzó a sospechar que lo que ocurría tuviese una explicación psicológica.

 

psicólogo émora coslada

 

Citó a Iria para hacerse unos análisis. Salieron perfectamente. El siguiente paso hubiera sido recetar una medicación para la ansiedad. Sin embargo, el doctor decidió enseñar a Iria algunos informes que tenía guardados en un cajón. No mostraba nombres ni datos de nadie, pero sí síntomas y razones de visita. Un buen taco de folios. Todos ellos, dijo el doctor, comenzaron a tener síntomas extraños y sus análisis y demás pruebas siempre salían de maravilla.

 

El doctor le mostró algunos ejemplos: un hombre que no podía respirar. Le ocurría siempre al llegar a casa, incluso podía acabar desmayado en el rellano. Una mujer que se despertaba en mitad de la noche ahogada, intentando gritar, y que había desarrollado pánico a quedarse dormida. Un niño que vomitaba todos los días mientras iba de camino al colegio. Su madre había intentado cambiarle el tipo de desayuno ya más de diez veces. Una chica a la que empezaron a salirle manchas por todo el cuerpo, unas manchas muy feas. Se recluyó en casa. Una señora mayor con picores tan fuertes en la cabeza que llegó a atarse las manos para no despertar ensangrentada. Un chico al que se le puso el pelo blanco en 48 horas. Tenía 23 años. Una mujer de mediana edad que dejó de salir de casa por miedo a las incontrolables diarreas que sufría. No había ninguna explicación médica.

 

Y, por fin, el doctor cogió un puñado de folios, habría unos 50.

 

- Y todos estos, Iria, son casos como el tuyo. Caídas masivas de cabello. Agujeros, calvas, algunas más grandes que las tuyas. Muchos de ellos son de chicas y chicos jóvenes, como tú. Todas sus pruebas salieron bien. Ahora tenemos dos opciones Iria. La primera es la que marca mi protocolo. Te derivo a psiquiatría y allí te recetarán unas pastillas para la ansiedad, seguramente. La segunda opción es explorar tu caso con un Psicólogo. En esta segunda opción, analizarían la relación que hay entre las situaciones que estás viviendo y las respuestas de tu cuerpo.

 

- ¿Usted cree que necesito ver a un Psicólogo, doctor?

 

- Bueno, sí. Después de descartar cualquier causa médica, lo veo como la opción más lógica. Sé lo que estás pensando: “yo no estoy loca”. Olvida eso. Por todo lo que me has contado, es perfectamente posible que tu organismo esté aprendiendo de una manera poco adaptativa para poder cumplir con tus expectativas. Me has narrado cómo has estado mucho mejor estos últimos días en casa, sin que nadie pudiera verte y sin tener que enfrentarte al trabajo. Es perfectamente posible que necesites entrenar tus habilidades para respirar, controlar la ansiedad, los pensamientos negativos y aprender gradualmente a manejar los asuntos que te tienen tan preocupada y que, por error, han acabado así, como estamos ahora.

 

Iria lloraba, pero esta vez era un llanto de un principio de alivio…

 

- ¿Cómo sabe usted tanto de psicólogos, doctor?

 

- Yo mismo estuve yendo a trabajar con uno hace algunos años, Iria. Y aprendí mucho. Tanto que me ha hecho mejor en mi trabajo, te lo aseguro. Mira, busca un Psicólogo al que pudieras visitar por cercanía, u horarios. Pregunta e infórmate. Apunta esto: Psicología cognitivo conductual. Seguro que podrán ayudarte.

 

Iria lleva ahora mismo cinco sesiones con su Psicóloga. Desde la primera sesión sintió tal desahogo que comenzó a recuperarse rápidamente. Está muy ilusionada y motivada con el trabajo y el aprendizaje que está obteniendo. Su pelo, felizmente, vuelve a ser el de antes.

 

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Iria es directora del departamento de comunicación de una Startup que ayuda a niños de todo el mundo a aprender matemáticas con divertidos juegos y retos en realidad virtual. No ha podido aguantar las ganas de compartir su caso y decirle a todo aquel que pudiera sentirse identificado, que lo intente. Que salga y lo cuente, porque todo aquello que vivimos en un momento dado puede tener una solución eficaz.

 

 

Gracias Iria.

 

 

 

Mayo 2019

 

Émora Psicólogos en Coslada para Jóvenes, Adultos y Familias

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Por qué Iria decidió que ir al Psicólogo dejase de ser un secreto:
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