Luis, Elena y Carlos, Psicólogos del Centro de Psicología Émora en Coslada, conversan sobre sus inicios y lo que significa “ser Psicólogo”.

Respuestas a preguntas realizadas por personas que han trabajado con ellos:

Carlos. – ¿Por qué eres Psicólogo?

Luis. – La verdad es que no fue vocacional. En mi caso no es de esas cosas que piensas desde pequeñito. En primero de bachillerato no tenía ni idea de qué quería hacer. Pero bueno, con vistas a selectividad escogí una asignatura que parecía más sencilla (Psicología). La cosa no mejoró. El profesor era un pestiño, mejor omitiremos su nombre… (risas). Estábamos todo el día copiando. Pero las cosas que copiaba me parecían interesantes. Me empezó a gustar. Veía que algunas personas se ponían malas, dolor de cabeza, vómitos, malestar… y que el médico les decía que no pasaba nada, que descansasen. Entonces le preguntaba al profesor: oye, ¿es posible que por una causa psicológica una persona se pueda poner mala, sentirse mal y esas cosas…? Me dijo que sí. Así que seguí pensando en ello. Tanto que al final del curso me visualicé claramente intentando ayudar a las personas con problemas psicológicos, emocionales, etc.

Carlos. – Entonces en ese momento lo viste claro, fue tu primera opción en selectividad.

Luis. – Sí. Fue mi primera opción. En aquel curso tuve una muy buena profesora de comunicación audiovisual, y era otra opción que contemplaba. Pero ganó Psicología.

Carlos. – Es curioso cómo pueden llegar a influir los profesores que tenemos en nuestra última etapa a la hora de escoger una carrera o profesión…

Luis. – Sí, totalmente. Tiene mucha fuerza…

Carlos. – Ahora que hablamos de esto, recuerdo que en segundo de bachillerato yo también cursaba la asignatura de Psicología. Vino una Psicóloga, era una chica joven, a hablarnos sobre la profesión, invitada por nuestro profesor. Se puso a criticar la carrera. Que no aprendías nada específico. Que no tenía salidas. Que ella no volvería a escoger esa carrera… En clase alucinábamos. Por suerte quedó en una simple anécdota.

Elena. – Pues yo tampoco lo tenía muy claro al principio. Me gustaba mucho leer y escribir y pensaba que el periodismo me iría bien. Pero, quizá influida por lo que me decían mis amigos, me planteé seriamente la Psicología. Todo el mundo me decía que se me daba muy bien escuchar y atender a otras personas. Que estaba pendiente de los problemas de los demás. Me decían que era una persona en la que podían confiar. Así que supongo que esa visión de los demás hacia mí me animó mucho a elegir Psicología. Comencé a ver que tenía ciertas habilidades que podían servir para hacer bien este trabajo. En mi caso no tuve asignatura de Psicología en el instituto, pero sí que me informaba y leía mucho por mi cuenta. Todo eso me llevó a elegirla como primera opción en selectividad. También tenía claro que lo que quería hacer era clínica. Creo que con esa edad te empiezas a dar cuenta de que la mayoría de problemas que tienen las personas se pueden considerar desde el punto de vista psicológico. Esto me motivaba para tratar de ayudar y trabajar en ese sentido.

Luis. – La verdad es que parece que se puede hacer mucho, al menos en el caso de la Psicología, para informar a los adolescentes y jóvenes que van a elegir una carrera, o que simplemente les interesa esta ciencia, sobre lo que verdaderamente es la Psicología. Creo que les gustaría mucho.

psicólogo-en-coslada-adultos-psicologíaCarlos. – Mirad, se me ocurre una pregunta que no teníamos en la lista: ¿cuándo sabes lo que es de verdad la Psicología? Es decir, cuándo te das cuenta de qué estás estudiando. Para qué sirve esto… Por ejemplo, creo que en mi caso no supe de verdad lo que tenía entre manos hasta cuarto de carrera. Allí me crucé con una profesora y una asignatura que me enseñaron qué sentido tenía todo aquello.

Luis. – Creo que en mi caso fue igual. No hace mucho que he estado revisando mis armarios, con todos mis apuntes de la carrera, y me he dado cuenta de que en un momento dado comencé a archivar muchas más cosas, lecturas, preguntas y respuestas, resúmenes muy elaborados de los temas… está claro que ahí es cuando “algo” se cruzó conmigo. En esta asignatura de cuarto todo se volvía como muy científico, aportaba pruebas y datos. Y nos pedía que lo mirásemos de la misma manera.

Elena. – Yo comparto vuestra opinión. Y es curioso. Hasta casi acabada la carrera no te das cuenta de qué es exactamente y qué utilidad real tiene lo que estás estudiando. Me pregunto si pasará lo mismo en otras carreras. En otras ciencias. Quizá la Psicología, por el desconocimiento popular que existe respecto a otras materias, tiene un bache más grande para los estudiantes a la hora de aplicarla, o imaginar que la puedes aplicar en un entorno laboral o social concreto.

Carlos. – ¿Creéis que os ha cambiado la Psicología? El hecho de ser Psicólogo, dedicarte a esto, ¿te ha cambiado la forma de ver la vida?

Elena. – Yo creo que sí. Todas las profesiones tienen sus peculiaridades, pero en la nuestra, al estar en contacto permanente con el aprendizaje y el comportamiento de otras personas, hace que veas tu propio comportamiento de otra manera. Con otros ojos. ¡A veces es extraño! Sin duda, cuando estás delante de una persona en el trabajo, tratas de darle esas estrategias y ayudarle en el proceso de mejora. Te vuelves absolutamente profesional. Pero no puedes borrarlo de tu memoria y ya está. Vas aprendiendo también sobre ti misma y te influye. Para bien, claro.

Carlos. – Creo que donde más me ha influido ser Psicólogo es a la hora de analizar cualquier cosa que pasa a mi alrededor. Lo analizo todo de una manera más científica. Trato de explicarlo como lo haría en el trabajo. También me doy cuenta antes de los errores que he podido cometer. Creo que para todo esto está muy bien dedicarse a la Psicología. Puedes acceder a explicaciones mucho más exactas. Por eso estoy convencido de que este conocimiento tendría que enseñarse en los colegios. El análisis funcional tendría que enseñarse en los colegios de alguna manera.

Luis. – A mí ser Psicólogo me ha cambiado de forma drástica. Así de claro. En muchos sentidos. Pero os diré un ejemplo, se me ha olvidado juzgar. Me doy cuenta de que ya no juzgo a los demás como lo hacía antes. Ahora me cuentan que fulanito se ha acostado con fulanita… y no pienso si está mal o bien. ¡Esto incluso me hace discutir con la gente! Relativizas mucho más la idea de si un comportamiento es lo que suele considerarse en nuestra cultura como ético…

Carlos. – ¿Qué es lo mejor del día a día en el trabajo del Psicólogo?

Luis. – Con poco, eres importante para una persona que no conocías antes. Escuchas. Ayudas. Guardas un secreto que podían no haber contado a nadie antes. Y no sólo eso, sino que analizas su problema de una forma más exacta, y le das herramientas para poder solucionarlo.

Elena. – Fijaos en una cosa, desde muy pronto tenemos la sensación, o incluso la seguridad, de que hemos abierto una puerta para una persona que no sabía ni que se encontraba allí. Alguien viene a vernos pensando que no puede hacer nada con lo que trae, y nosotros enseguida le explicamos que se puede solucionar y cómo hacerlo. A mí me parece fantástico.

Además, está esa sensación… Cuando estoy en una sesión con una persona, se me para el tiempo. Eso significa que estás tan concentrado en analizar lo que le pasa y en intentar ayudar a esa persona, en darle estrategias que puedan ser funcionales para su problema, que es increíble. No sé si será así en muchas otras profesiones.

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Carlos. – ¿Y la parte más frustrante? ¿Qué es lo peor de esta profesión?

Elena. – Lo más frustrante está en parte también relacionado con esto. A veces quieres tanto ayudar, dar… que no te das cuenta de que puedes estar responsabilizándote de algunos aspectos que, como profesional, no te tocaban. Esas ganas que tienes de ayudar a esa persona y de querer que vaya bien… en el camino puede jugarte una mala pasada.

Luis. – Pues mira… no te sabría decir… Me voy a un detalle muy tonto quizá: ¡el horario! (risas). Ahora en serio, sí que hay casos complejos. Que no puedes evitar preocuparte por ellos fuera del trabajo.

Carlos. – Esta es interesante… ¿Cómo debe ser un problema para que sea fundamental acudir a un Psicólogo? Imaginemos que nos está leyendo una persona que nunca ha ido un Psicólogo. Incluso una persona que tenga ciertos prejuicios sobre nuestra profesión. ¿Cómo puede saber que es determinante acudir al Psicólogo para solucionar algo que le está pasando?

Elena. – Sí, mirad, muy claramente: a esa persona le diría que, si esa situación, o eso que le está pasando, le está generando malestar, o es la primera vez que se enfrenta a esto, y está haciendo que durante gran parte de su día está pensando en lo que le pasa, entonces tendría que trabajar con un Psicólogo desde ese mismo momento. 

Carlos. – ¿Quieres decir que está perdiendo el tiempo si no va a un Psicólogo?

Elena. – En parte sí. Porque desde ese momento está pasándolo mal y, quizá, manteniendo sin darse cuenta las razones del problema. Las personas son conscientes de que ante una molestia física deben acudir a un profesional de inmediato. Esto lo hacemos porque no queremos que vaya a más. Por esa misma razón hay que acudir a un Psicólogo ante problemas llamados emocionales o psicológicos, que también pueden sentirse como físicos en muchos casos. ¿Algo te está generando malestar? ¿No sabes cómo gestionarlo? ¡Pide ayuda! Por qué vas a pasar por eso solo…

Luis. – Yo creo que, por añadir, también podría ser que alguien quiera anticiparse a lo que va a ser una situación difícil. Por ejemplo: me voy a divorciar y quiero hacerlo bien. O puede ser que no tenga una demanda muy concreta pero “nota” que las cosas no van bien. No siempre tiene porqué estar influyendo de forma drástica en nuestra vida para acudir al Psicólogo. Es bueno consultar, además. ¡Ven y consulta! ¿Te ha pasado algo grave y no sabes cómo te va a afectar? Pues consulta. Un tratamiento no tiene por qué darse enseguida. El fisioterapeuta normalmente no trata un tobillo hinchado justo después del percance. Pero sí hay que consultarle al instante. En nuestro puede ser parecido.

Carlos. – ¿Creéis que hay muchas personas que podrían acudir al Psicólogo, que lo necesitan, pero no lo hacen?

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Luis. – Sin duda. Lo que nos llega es como la punta del iceberg.

Elena. – Nuestra profesión, creo que cada vez menos, pero sigue teniendo cierta connotación, mitos o ideas previas, que pueden hacer que a las personas no les guste la idea de ir al Psicólogo. Pero esto debe desaparecer en el futuro. Aquí se trata de solucionar un problema. Nada más. Aunque es cierto que esto influye en que la persona tarde más en acudir de lo que sería recomendable. Muchas veces prueban mil cosas cuando podrían haberlo estado tratando de forma muy eficiente con un Psicólogo.

Carlos. – Esta es curiosa… ¡y creo que un poco malintencionada! ¿Usáis la Psicología fuera del trabajo? Ya sabéis a qué se refiere… amigos, familia, pareja… (risas).

Elena. – A veces sí que me doy cuenta de que estoy yendo un poco más allá en una conversación, con amigos por ejemplo. ¡Reconozco que de vez en cuando tengo que controlar mis impulsos profesionales para poder disfrutar de una conversación!

Luis. – Bueno, yo no tengo el traje del Psicólogo puesto todo el día. Pero sí es verdad que, por ejemplo, por ser Psicólogo mis amigos me consultan más cosas. Entonces al hablar con ellos es difícil no hacerlo usando conscientemente los conocimientos profesionales. Desde problemas de mis amigos con sus hijos, hasta cosas de pareja… también de trabajo. ¡Muchos problemas del trabajo!

Carlos. – La última de hoy: Ahora que eres Psicóloga, ¿qué te hubiera gustado que te dijeran sobre esta profesión, antes de comenzar los estudios?

Elena. – Por ejemplo, la gran cantidad de cosas que vas a aprender cada día. Mucho trabajo personal, de estudiar cada caso. Leer, observar… Esta profesión te enriquece enormemente.

Enero 2019,

Émora Psicólogos

 

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