El siguiente relato está inspirado en hechos reales.

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Me llamo Mateo, tengo 30 años y acabo de saber que mi novia me engaña.

Trabajo en un colegio y le dedico todo mi tiempo a los alumnos. Cuando no estoy allí pienso en cómo mejorar mis clases. Disfruto mucho con mi profesión. Si consigo desconectar, me gusta pintar. Vivo solo desde que conseguí plaza fija en Madrid. Mi familia reside en una localidad cercana a Valencia, donde viví hasta los 26 años. Tras aprobar las oposiciones, me mudé a la capital. Siempre quise independizarme y crear mi propia forma de existencia. Me considero una persona habilidosa, que puede estar sola. Aunque lo paso bien en compañía y salgo habitualmente con amigos. En fin, todo iba bien en mi plan de emancipación hasta el pasado 25 de diciembre.

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Lo cierto es que no estoy siendo totalmente fiel a los hechos. Desde hace aproximadamente un año otra persona se coló en mi vida, y lo hizo con la fuerza de un huracán. Cogió mis esquemas, mis planes, mis hábitos, y los rompió en mil pedazos. Y no puedo negarlo, me encantó. Me enamoré tan profundamente que sentí que no era yo. Era otra persona llevando una nueva vida. Lo único que me conectaba con mi antiguo yo eran una serie de recuerdos almacenados en un trastero viejo en algún lugar de mi cerebro.

El 25 de diciembre volví a Madrid. Me subí al primer tren disponible tras una Nochebuena con la familia. Sólo me apetecía verla, mirarla, besarla. Trabajamos en el mismo colegio. Compartimos la misma pasión. La relación iba muy bien y se me pasó por la cabeza que quizá era el momento de pensar en vivir juntos. Soy bastante prudente, así que imaginé una tranquila conversación. Ya veríamos si a ella le apetecía tanto como a mí, aunque estaba seguro de que así sería. No avisé de mi llegada. Solíamos jugar a darnos este tipo de sorpresas. Quién iba a imaginar lo que me encontré.

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Fui directo a su casa. Cinco minutos caminando desde la estación. Distraído e ilusionado, no sabría decir si me crucé o no con otras personas. A partir de ese momento sólo tengo débiles recuerdos parecidos a imágenes fijas: portal abierto. Ascensor. Cuarta planta. Llamo a la puerta. Nadie abre. Vuelvo a llamar. Qué extraño, ¿habrá salido? El ascensor vuelve a bajar. Espero frente a la puerta. ¿Estará en la ducha? Pienso en irme. Busco mi teléfono para enviarle un mensaje. El ascensor se para en la cuarta planta. Se abre la puerta. Es ella. Sonrío, pero sólo una milésima de segundo. Va acompañada de un hombre. Están cogidos de la mano. El corazón me da un vuelco. Se me encoge tanto el estómago que me mareo. Me quedo rígido, como una columna más del edificio. Me siento encerrado, atacado. No sé qué decir ni qué hacer. Mi cuerpo actúa. Veo una salida en la puerta de las escaleras. Salgo por allí y, no sé cómo, llego a mi casa.

Hoy es 3 de enero. Ella ha intentado comunicarse conmigo en tres ocasiones. No he cogido el teléfono. Es curioso, en mi cabeza sólo está él, sosteniendo suavemente la mano de mi novia. Pero de esta persona no recuerdo nada. Ni su cara. Tal era mi estado de nervios que el cerebro optó por concentrarse en escapar.

La primera noche no fue mala. Ni siquiera me enteré de que el sol se había puesto. El resto ha ido a peor. Depresión. Es como si el huracán hubiese vuelto a pasar por mi vida pero esta vez para darme una patada y dejarme del revés. Se me ha olvidado hasta tener hambre. Sólo pienso en ella. En llamarla. En hablar con ella. Fantaseo todos los segundos del día con una explicación. Todas me hieren de una manera muy aguda. De pequeño cerraba los ojos e imaginaba que tiraba un penalti, pero nunca conseguía meter el balón en la portería. Ahora me pasa lo mismo con ella. No consigo visualizar un futuro en el que todo se arregla. Pero no paro, no puedo parar de buscar ese futuro. Me estoy volviendo loco. En un lado de la cabeza tengo estos pensamientos dando vueltas. En el otro, caen como cuchillos imágenes de mi vuelta al colegio tras las vacaciones de navidad. No puedo ni respirar. Volver a verla. Allí, en el trabajo. De la ansiedad se me nubla la vista. Ahora mismo mi plan es el siguiente: cómo contarle esto a mis padres. Cómo cambiar de colegio. Nada más.

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El 8 de enero debería volver a las clases, pero no soy capaz ni de imaginarlo. Por favor, ayúdenme, ¿qué hago? ¿¡Qué puedo hacer!?

 

 

 

 

 

Enero de 2019,

Émora Psicólogos

 

Avenida de la Constitución, 85 – Portal 6, 1º-1,  28823, Coslada, Madrid. Tlf.: 914956282 / 672799403

Mi novia me ha engañado el día de Navidad
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